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LOS FILÓSOFOS: bien escaso y azote social

3 marzo, 2013

            Los filósofos, en su sentido más estricto, son un bien escaso y, en cierto modo, son también contrarios a los excesos de la sociedad.

            Yendo a la raíz del término y a su sentido, creo, más original, filósofo es el amigo de la sabiduría o, siendo menos literal, aquel que se pone siempre en camino hacia ella, que la busca incesantemente… (como mínimo a nivel teórico)

            ¿Por qué digo que estos buscadores son un bien escaso? Bueno, antes de responder a esta cuestión habría que tomar en consideración otra: ¿qué es la sabiduría? De otro modo, no nos pondríamos nunca de acuerdo, y eso que cada quien puede tener una opinión diferente, razonable y digna de todo respeto. Habiendo abordado yo el tema, propongo la siguiente definición: la sabiduría es aquello que descubre o ayuda a descubrir lo que da o puede dar sentido a la vida. He omitido conscientemente el término “felicidad”, ya que, de entrada, podría crear confusión y, como mínimo, desviar la atención de lo que ahora considero más esencial en este tema (tal vez trate sobre ese asunto en otra ocasión). Si bien la sabiduría (en cuanto conocimiento adquirido) puede aportar dicha a la persona, no tomo el conocimiento como meta, sino sólo un tipo exclusivo de conocimiento: todo aquello que nos conduce hasta el sentido de nuestro día a día, lo que (en otras palabras) respondería a preguntas como: “¿quién soy?” y, como mínimo, “¿hacia dónde voy?”. Me voy a centrar, pues, en este sentido del término sabiduría, si convienen conmigo en definirlo así.

             Una vez más, me pregunto: ¿por qué digo que los filósofos son un bien escaso? Sencillamente, porque, si un@ escucha abiertamente lo que se dice por ahí, qué tipo de preocupaciones tienen sus amistades, familiares, vecinos… ¿Se han fijado de qué se habla, qué se comenta? Parece ser que los temas más trascendentales pasan por (en orden aleatorio, claro, porque cada persona es un mundo): el fútbol (¿qué importancia puede tener este tema a no ser que un@ sea jugador/a profesional o si -tremenda locura- ha apostado su casa y todos sus ahorros por tal equipo?), si te ha tocado o no la lotería (una reacción alienante, diría yo: “como yo no soy capaz de hacer nada lo suficientemente positivo por mi vida… ¡que lo arregle la diosa fortuna!”), la moda (no solo la ropa, sino el coche, la casa, los muebles, el lugar de vacaciones… ¡Vamos, súper-trascendental, o sea”), los famosos (o los cotilleos en general, como si la “vida” de los demás fuera más importante que la propia… luego, claro, hace falta ir al psicólogo para conocerse, ya que “conocemos” mejor al vecino…), el dinero (no lo considero un bien en sí mismo, ni algo trascendental, más bien, una especie de herramienta -a veces imprescindible, ya que nos hemos acostumbrado a comer todos los días, jeje; otras, totalmente prescindible- para lograr algunas de nuestras metas), el trabajo (muy importante, ya que puede llegar a ser una de las herramientas que nos ayuden a conocernos mejor y a relacionarnos con los demás, sin embargo, tampoco es un fin en sí mismo, no para mí, claro). ¿Algun@ está de acuerdo conmigo?

             Bueno, independientemente de lo que opinen acerca de lo expuesto en el punto anterior, veamos ya la segunda parte del enunciado. Cualquiera de ustedes puede tacharme de pretencioso por expresar así esa idea, no obstante, permítanme explicarme. Estoy convencido de que esta sociedad capitalista y, por tanto, materialista-consumista en que vivimos no sólo no enseña a pensar a los individuos que viven en ella, sino que hace, más bien, todo lo contrario.

             En gobiernos autoritaristas estaríamos hablando de imposiciones de todo tipo, censuras, etc. En cambio, en estos tiempos “democráticos” toca hablar de mensajes subliminares, marketing, modas, “ladrones de guante blanco”… Si se aprende a leer entre líneas, si un@ se para a pensar un poco y no se deja llevar a cada momento por la corriente de lo que digan o hagan l@s demás, si se abandona más a menudo el miedo y, en su lugar, se empieza a blandir la espada del coraje, pronto se darán cuenta de cuán poc@s son l@s que hacen eso mismo, l@s que tienen la osadía de pensar y actuar por sí mism@s, de ser auténticos (aun por encima de condicionamientos e imposiciones legalizadas), de tomar las riendas de su vida y de no permitir que otr@s decidan por ell@s. ¿Qué pocos hay de est@s, no?

             Ciertamente, dejando a un lado las múltiples variables de la razón (modos o corrientes diferentes de razonar), llamaría a los filósofos librepensadores, o sea, aquellas personas que, no dejándose condicionar ni limitar en modo alguno por nada ni por nadie (en la medida de sus posibilidades), van decidiendo su vida (cómo ser, sentir, pensar o actuar) cada segundo que pasa…

             Nada hay escrito con exactitud acerca de cómo será el mañana (quizás unos retazos a los que vamos dando forma), así pues, deseo y elijo levantarme cada día pensando que, cada día, una nueva conciencia despertó del letargo social y se perdió una “oveja” del rebaño… He dicho.

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