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¿Democracia o… Burlo-cracia? 2ª Parte

13 marzo, 2013

            Me tomo la libertad de continuar el post anterior titulado: “¿Democracia o… burlo-cracia? ¿Dónde estamos?” (publicado el 9 de marzo), ya que, dados los tiempos en los que nos encontramos, me uno a las palabras del escritor y periodista Antonio Papell:

             «…No se ve sin embargo que predomine en la clase política esta preocupación que debería aspirar a la exclusividad porque todo lo demás es accesorio (los suicidios que ya acompañan en el sur de Europa a la crisis son el trágico indicador de la insuperable contrariedad). Las ecuaciones que se dibujan en público, las cuentas que se muestran para argumentar decisiones, los razonamientos que se esgrimen para hacer esto o aquello no indican la consternación que resultaría natural al ver a esa masa de rostros inquietantes que preguntan tácitamente por un porvenir más amable que nadie sabe describir, ni mucho menos atraer. Lo dejó escrito André Gide con mano maestra: “Pienso siempre que se preparan acontecimientos de tanta importancia que uno casi siente vergüenza de ocuparse de la literatura”.»*

             He estado pensando en ello y, cada vez que lo pienso, me doy más cuenta de que nos siguen tomando el pelo. ¡Así que vivimos en DEMOCRACIA! ¡JA!

            También he recordado un célebre discurso que debería (sin ánimo de imponer, ojo, lo escribo así por su trascendencia y la hondura del mensaje que transmite) ser escuchado por todas las personas del mundo para que, tal vez, aquellas personas más obcecadas o menos dispuestas o capaces a/de razonar o a encontrar razonables semejantes alegaciones, se pararan siquiera a prestarles la atención debida. Dicho discurso tiene lugar ante los representantes de todas las naciones del mundo en unas circunstancias que, por ser imaginarias (forma parte de la trama de una película), no son menos ciertas (con la salvedad de adaptar el lenguaje al de cada país de donde sea la persona que lea la transcripción del mismo que pongo aquí o lo escuche directamente siguiendo el enlace del final)*

            Por poner un poco en antecedentes, para que se entienda mejor el contexto en el que tienen lugar las palabras del actor (Mario Moreno Cantinflas), y no tenga nadie la necesidad de ver la película completa (si no lo desean), añadiré que él es el representante de un minúsculo país imaginario y que se encuentra en la situación de otorgar su voto a uno de los dos grupos políticos más importantes del momento (los cuales han tratado de sobornarle de diversos modos por haber quedado empatados y a falta de un último voto, el suyo): los verdes y los rojos. Los verdes representan a los países capitalistas y con regímenes democráticos (fundamentalmente); los rojos representan a los países con regímenes comunistas (no hay que olvidar que la película ya tiene unos cuantos años). Entonces, Cantinflas elude su voto con mucha sabiduría, pero no pierde la oportunidad de decir las palabras precisas a cada partido para hacerles reflexionar sobre su papel en el mundo y acerca de su responsabilidad por la situación de los más desfavorecidos…

            Las palabras son dichas al estilo de Cantinflas, un hombre-personaje profundamente mexicano y humano, pero con un modo de expresarse (para quien no lo haya escuchado antes) muy peculiar. Me tomaré la libertad de poner al final del post la traducción (o adaptación) de las palabras que considere más difíciles de entender a un lenguaje más actual y de España. Los puntos suspensivos () responden a los momentos de pausa del discurso: bien porque se pare Cantinflas (para observar la reacción de los oyentes), bien porque el alboroto o los aplausos de la gente impidan que sea escuchado adecuadamente.

«Sr. Primer Ministro, Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, Sr. Secretario General de la Asamblea, Sres. Representantes, estimados colegas y amigos, me ha tocado en suerte ser el último orador, cosa que me da mucho gusto, porque, como quien dice, así me los agarro cansados… Sin embargo, sé que, a pesar de la insignificancia de mi país, que no tiene poderío militar, ni político, ni económico, ni, mucho menos, atómico, todos ustedes esperan con interés mis palabras, ya que de mi voto depende el triunfo de los verdes o de los colorados.

      Sres. Representantes, estamos pasando un momento crucial en que la humanidad se enfrenta ante la misma humanidad, estamos viviendo un momento histórico en que el hombre, científica e intelectualmente, es un gigante, pero, moralmente, es un pigmeo. La opinión mundial está tan profundamente dividida en dos bandos aparentemente irreconciliables que se ha dado el singular caso de que un solo voto, el voto de un país débil y pequeño, pueda hacer que la balanza se cargue de un lado o se cargue de otro lado. Estamos, como quien dice, en una gran báscula, con un platillo ocupado por los verdes y con otro platillo ocupado por los colorados y ahora llego yo, que soy de peso pluma, como quien dice, y, según dónde yo me coloque, de ese lado se irá la balanza… ¡Háganme el favor! ¿Y no creen ustedes que es mucha responsabilidad para un solo ciudadano? Porque, además, no considero justo que la mitad de la humanidad, sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado solamente porque un tríbulo* embajador haya votado o lo hayan hecho votar en un sentido o en otro. Por eso, yo, el que les habla, su amigo, yo, no votaré por ninguno de los dos bandos…

      Y yo no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones: 1ª, porque, repito, que no sería justo que el solo voto de un representante que, a lo mejor, está enfermo del hígado, decidiera los destinos de cien naciones; 2ª, porque estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos de los colorados son desastrosos…; y tercera, porque estoy convencido de que los procedimientos de los verdes tampoco son de lo más bondadoso que digamos… Y, si no se callan, yo ya no sigo, y se van a quedar con la tentación de saber lo que tenía que decirles… Sr. Secretario, ¡Échele al martillo!, pues ya se armó un relajo* aquí que…

      Insisto que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas. Para mí todas las ideas son respetables, aunque sean ideítas* o ideotas*, y aunque no esté de acuerdo con ellas. Lo que piense ese señor, o ese otro señor, o ese señor, o ese de allá de bigotitos, que no piensa nada, porque ya se nos durmió… eso no impide que todos nosotros seamos muy buenos amigos. Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de andar son los mejores, y el chaleco tratamos de imponérselo a los demás y, si no los aceptan, decimos que son unos tales por cuales ¡y, al ratito, andamos a la greña! ¿Ustedes creen que eso está bien? Tan fácil que sería la existencia si tan sólo respetásemos el modo de vivir de cada quien. Hace cien años ya lo dijo una de las figuras más humildes, pero más grandes de nuestro continente: “El respeto al derecho ajeno es la paz”… Así me gusta, no que me aplaudan, pero sí que reconozcan la sinceridad de mis palabras.

      Yo estoy de acuerdo con todo lo que dijo el Sr. Representante de Salchichonia*: con humildad, con humildad de albañiles no agremiados, debemos de luchar por derribar la barda* que nos separa, la barda de la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio, el día que lo logremos podremos decir: “que nos volamos la barda”… Pero no la barda de las ideas, eso no, ¡nunca! El día que pensemos igual y actuemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en máquinas, en autómatas. Ese es el grave error de los colorados: el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema político y económico. Hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto: ¿Existen esas libertades en sus propios países?; dicen defender los derechos del proletariado, pero sus propios obreros no tienen el derecho elemental de la huelga; hablan de la cultura universal al alcance de las masas, pero encarcelan a sus escritores porque se atreven a decir la verdad; hablan de la libre determinación de los pueblos y, sin embargo, desde hace años, oprimen una serie de naciones sin permitirles que se den la forma de gobierno que más les convenga…

      ¿Cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y, acto seguido, atropella lo más sagrado de la dignidad humana, que es la libertad de conciencia, eliminando o pretendiendo eliminar a Dios por decreto? No, Sres. Representantes, yo no puedo estar con los colorados, o, mejor dicho, con su manera de actuar. Respeto su modo de pensar, ¡Allá ellos!, ¡Pero no puedo dar mi voto para que su sistema se implante en todos los países de la tierra! ¡El que quiera ser colorado, que lo sea, pero que no pretenda teñir a los demás! (…)

       ¡Momento, momento, jóvenes! (…) Hombre, ¿Por qué tan sensitivos? Hombre, pero si no aguantan nada, no, si no he terminado, tomen asiento… ya sé que es costumbre de ustedes abandonar estas reuniones en cuanto oyen algo que no es de su agrado, pero no he terminado, tomen asiento, no sean precipitosos… Todavía tengo que decir algo de los verdes, ¿No les gustaría escucharlo? Siéntense… ______* También le hago al ruso… * ¡Ah, jijo*, si es vodka! (…) Tramposos…

       Y, ahora, mis queridos colegas verdes, ustedes, ¿Qué dijeron?: “ya votó por nosotros”, ¿No? Pues, no, jóvenes… Y no votaré por ustedes porque ustedes también tienen mucha culpa de lo que pasa en el mundo. Ustedes también son medio soberbios, como que si el mundo fueran ustedes y los demás tienen una importancia muy relativa… y, aunque hablan de paz y de democracia y de cosas muy bonitas, a veces también pretenden imponer su voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero. Yo estoy de acuerdo con ustedes en que debemos de luchar por el bien colectivo e individual, de combatir la miseria y de resolver los tremendos problemas de la vivienda, del vestido y del sustento, pero en lo que no estoy de acuerdo con ustedes es en la forma que ustedes pretenden resolver esos problemas.

      Ustedes también han sucumbido ante el materialismo, se han olvidado de los más bellos valores del espíritu pensando sólo en el negocio; poco a poco se han ido convirtiendo en los acreedores de la humanidad y por eso la humanidad los ve con desconfianza. El día de la inauguración de la Asamblea el Sr. Embajador de Dolaronia* dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión… Y yo me pregunto: ¿Para qué queremos automóviles si todavía andamos descalzos? ¿Para qué queremos refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos? ¿Para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos suficientes escuelas para nuestros hijos?

      Debemos de pugnar porque el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado por su instinto de conservación, sino, fundamentalmente, por el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada de paz y tranquilidad, cada vez más digna de la especie humana y de sus altos destinos. Pero esta aspiración no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social.

      Es verdad que está en manos de ustedes, los países poderosos de la Tierra, verdes y colorados, el ayudarnos a nosotros los débiles, pero no con dádivas, ni con préstamos, ni con alianzas militares… ayúdennos pagando un precio más justo, más equitativo, por nuestras materias primas; ayúdennos compartiendo con nosotros sus notables avances en la ciencia, en la técnica, pero no para fabricar bombas, sino para acabar con el hambre y con la miseria…

      Ayúdennos, respetando nuestras costumbres, nuestras creencias, nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones, por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad, que nosotros sabremos corresponderles, pero dejen de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero de la política internacional; reconózcannos como lo que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorio, sino como seres humanos que sentimos, y sufrimos, y lloramos…

       Sres. Representantes, hay otra razón más por la que no puedo dar mi voto: hace exactamente veinticuatro horas que presenté mi renuncia como Embajador de mi país que, espero, me sea aceptada… Consecuentemente, no les he hablado a ustedes como excelencia, sino como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera, pero que, sin embargo, cree interpretar el anhelo de todos los hombres de la Tierra: el anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libres, el anhelo de legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia…

      Y qué fácil sería, Sres., lograr ese mundo mejor en que todos los hombres: blancos, negros, amarillos y cobrizos, ricos y pobres, pudiésemos vivir como hermanos si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: “Amaos, amaos los unos a los otros”. Pero, desgraciadamente, ustedes entendieron mal, confundieron los términos. ¿Y qué es lo que han hecho? ¿Qué es lo que hacen? ¡Armaos los unos contra los otros! (…) He dicho.»

      Bueno, poco o nada puedo añadir a las palabras de este gran hombre, sólo decir que suscribo sus palabras absolutamente.

 ____________

* Cf. http://ecodiario.eleconomista.es/blogs/papeles-de-westfalia/page/2/

* Cf. http://www.youtube.com/watch?v=WOuHaadMRyU

* Tríbulo: Puede ser semejante a díscolo*.

* Díscolo: 1. adj. Desobediente, que no se comporta con docilidad. (cf. R.A.E.)

* Relajo: Alboroto, tumulto, desorden.

* Ideítas: Ideas de poca relevancia, con poca trascendencia o de poco interés.

* Ideotas: Ideas capaces de movilizar a grandes multitudes o de grandes avances.

* Salchichonia: Nombre ficticio e irónico.

* Barda: Barrera que separa algo de otra cosa.

* ____: Expresiones sinónimas para decir “Siéntense” (o algo semejante, supongo) en otros idiomas (uno de ellos, el ruso), pero que desconozco cómo se escriben.

*…: Momento en que sirve en un vaso lo que imagina que era agua.

* ¡Ah, Jijo!: Entiendo que puede asemejarse con las expresiones españolas… “¡Ah, caray!”, “¡Ay, mi madre!”, u otras semejantes.

* Dolaronia: Cf. Salchichonia.

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